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5 conclusiones clave sobre la violencia contra las personas LGBTI y la recopilación de datos

Síntesis:

ONU Mujeres ha abordado recientemente una laguna crítica en los esfuerzos globales para acabar con la violencia de género: la recopilación de datos sobre las experiencias de las personas de la diveLeer másrsidad. He aquí algunos puntos clave de su informe Read less

La violencia contra las personas LGBTI a menudo pasa desapercibida, no se registra ni se denuncia. La culpa la tienen las importantes lagunas en los datos: lo que no se contabiliza adecuadamente sigue siendo malinterpretado, descartado como irrelevante y sin necesidad de ser abordado.

A principios de este año, ONU Mujeres publicó un informe para destacar la importancia de disponer de mejores datos sobre la violencia por motivos de orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales, y cómo conseguirlo.

Estas cinco conclusiones ofrecen ideas clave y orientación práctica para les activistas, las organizaciones y les aliades que trabajan para garantizar la justicia para todas las personas afectadas por la violencia de género.

Entendemos la violencia de género como la violencia que las personas, los Estados y las instituciones infligen a quienes se percibe que desafían o cuestionan cualquier forma de norma y narrativa de género y/o sexual. Las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex se encuentran, junto con las mujeres y las niñas, entre las personas que corren un mayor riesgo de verse afectadas.

Para nuestras comunidades LGBTI, esta violencia puede tener muchas formas específicas. La literatura científica y nuestras experiencias vividas las han documentado todas. La espantosa lista, que no es en absoluto exhaustiva, incluye agresiones sexuales como las mal llamadas «violaciones correctivas», abusos emocionales y psicológicos como el uso intencionado de un género incorrecto o la revelación pública de la identidad sexual, asesinatos, cirugías innecesarias realizadas a niñes intersex sin su consentimiento, y formas de violencia económica como la retención de prestaciones de protección social.

 

 

Y, sin embargo, no existen estimaciones precisas sobre la población global afectada por estas formas de violencia.

Hay desafíos metodológicos, éticos y sociopolíticos contribuyendo a esta laguna de datos. Las herramientas de investigación y los marcos estandarizados no consiguen captar la experiencia única de las personas LGBTI. Los conjuntos de datos, cuando están disponibles, suelen ser difíciles de comparar.

Especialmente en países con leyes criminalizadoras o en contextos discriminatorios, la recopilación de datos puede poner a los sujetos, a las personas investigadoras y a las organizaciones en riesgo de sufrir daños significativos. Las personas LGBTI pueden mostrarse reacias a denunciar a las autoridades sus experiencias con la violencia, lo que da lugar a que no se denuncien todos los casos a los servicios y, en consecuencia, a datos sesgados sobre los que construir hipótesis y políticas.

Los datos de alta calidad, cuando se recopilan y gestionan de forma segura, pueden cambiar la concienciación y la visibilidad sobre un problema, permitir a las personas revelar sus experiencias de forma segura, ayudar a diseñar incidencia y políticas, y desbloquear recursos cruciales.

Sin embargo, cuando esto no sucede, la violencia permanece sin control, sin explicación y sin atención.

Como señala el informe de ONU Mujeres, «Aunque la falta de datos no es la causa, sí es un factor facilitador de esta violencia, y de la impunidad y la inacción que tan a menudo la siguen».

En sí mismos, los datos son incapaces de causar daño. Pero lo que no se cuenta no existe a los ojos de quienes podrían hacer algo al respecto. La ausencia de datos permite que la violencia prospere. Algunos Estados e instituciones la utilizan como pretexto para la inacción y para justificar silenciosamente la impunidad.

Como señaló nuestra Directora Ejecutiva, Julia Ehrt, en su discurso de clausura del evento de ONU Mujeres en el que se presentó este informe: «Los datos nunca son neutrales. Elegir contabilizar la violencia contra nuestras poblaciones LGBTI es un acto político».

Como cualquier otra persona, las personas LGBTI no son un grupo uniforme. Las identidades son complejas: sus diversas capas se superponen y contribuyen a diversas experiencias de vida, incluida la violencia.

La racialización, la etnia, la casta, la edad, la religión, la discapacidad, el estatus migratorio, tener múltiples parejas íntimas o dedicarse al trabajo sexual son algunas de las muchas partes de lo que una persona es o hace, y pueden interactuar con la orientación sexual, la identidad y expresión de género y las características sexuales como factores de riesgo de violencia.

En otras palabras: un hombre bisexual racializado, una persona asexual, o una mujer trans que vive con una discapacidad pueden sufrir experiencias traumáticas similares, pero el modo en que sus identidades se entrecruzan para desencadenar a los autores de la violencia puede ser muy diferente.

Estas capas superpuestas también pueden contribuir a la escasez de datos disponibles sobre enteras poblaciones. La violencia contra las personas intersex sigue estando muy poco documentada. Las comunidades rurales LGBTI son invisibles en la mayoría de las encuestas. Las mujeres lesbianas, bisexuales y queer en situaciones de matrimonios heterosexuales forzados exigen una atención urgente.

 

Mapa de los Estados en los que es delito incitar al odio, la violencia o la discriminación contra otras personas por motivos de OSIEGCS (fuente: Base de Datos de ILGA Mundo)

Mapa de los Estados en los que es delito incitar al odio, la violencia o la discriminación contra otras personas por motivos de OSIEGCS (fuente: Base de Datos de ILGA Mundo)

 

Las investigaciones también demuestran que, cuando los Estados no protegen a las personas LGBTI de la violencia, crean un entorno de impunidad que las expone a un mayor riesgo, agravado aún más por el auge del autoritarismo y el retroceso de los derechos.

La interseccionalidad es la única forma de tener una visión completa y crear políticas eficaces.

«No hacer daño» es un principio que debe guiar todo esfuerzo de recopilación de datos. Los contextos jurídicos y sociales discriminatorios pueden condicionar el grado en que las personas LGBTI pueden expresar y revelar su OSIEGCS con seguridad, pero también participar en la investigación.

Al estudiar cómo afecta la violencia a las personas LGBTI, los investigadores deben tener especialmente en cuenta el tamaño del grupo estudiado y la situación jurídica y sociopolítica en torno a las cuestiones de la diversidad.

Esto significa comprender el contexto y el papel que desempeñan las personas investigadores, reconocer los propios prejuicios y comprometerse a limitar o prevenir los efectos negativos no deseados.

La recopilación de datos conlleva responsabilidad. Debe llevarse a cabo con cautela y cuidado, dando prioridad a la ética y a la seguridad de las personas y comunidades afectadas, y no con la suposición a priori de que cualquier dato mejorará las cosas independientemente de cómo se genere.

El informe de ONU Mujeres contiene una rica sección sobre los desafíos y las oportunidades metodológicas, éticas y sociopolíticas de la recopilación de datos, y ya existen ejemplos de buenas prácticas.

Para nuestro trabajo de investigación, ILGA Mundo se basa en las aportaciones de sus organizaciones miembros y de activistas de todo el mundo para analizar las leyes y las actitudes de forma fiable y segura para las personas en el terreno.

Human Rights Watch aprovechó sus conexiones con una organización local para identificar a posibles participantes en un estudio, garantizando su anonimato mientras recogía pruebas sobre la violencia por motivo de OSIEGCS en Iraq.

Al abordar las experiencias de violencia de género de las mujeres trans en América Central y el Caribe, los investigadores aprovecharon el co-diseño y los métodos de recopilación de datos entre iguales para abordar de forma segura los temores de las participantes y la falta de denuncias.

La investigación siempre ha estado en el centro de lo que han hecho nuestras comunidades. Históricamente, ha sido nuestra forma de resistirnos a la invisibilidad.

ILGA Mundo empezó a producir pruebas sobre las leyes que afectan a las personas LGBTI en todo el mundo en la década de 1980, y seguimos haciéndolo hasta la fecha. Durante años, TGEU ha publicado datos sobre asesinatos de personas trans en todo el mundo.

También existen muchos ejemplos a nivel local y regional. En Francia, la organización de personas voluntarias SOS Homophobie publica anualmente datos cuantitativos y cualitativos sobre la violencia y la discriminación contra las personas LGBTI; y Colombia Diversa hace lo mismo en Colombia. Desde Sudáfrica, Iranti aportó su visión sobre cómo las organizaciones locales abordan la recopilación de datos cuantitativos y cualitativos de los movimientos en Botsuana, Kenia, Malaui, Uganda y su propio país.

La sociedad civil ha desempeñado históricamente un papel vital a la hora de colmar las lagunas de datos. Pero no puede hacerlo sola. Combinar los datos de las ONG, las ciudadanías y las instituciones puede ampliar realmente las perspectivas y la relevancia de la información recopilada.

En el centro de todo ello, sin embargo, se encuentra un compromiso significativo con la sociedad civil y las personas activistas LGBTI locales – y una compensación adecuada y no extractiva por su trabajo. Ellas son las personas expertas, y sólo a través de su experiencia el diseño de la investigación y la recopilación de datos pueden conducir a perspectivas precisas.

 

Aún queda un largo camino por recorrer antes de que los datos puedan representar verdadera y plenamente las experiencias de las personas LGBTI. Pero este documento de ONU Mujeres representa un importante paso adelante.

«Este informe no trata sólo de datos», afirmó la Directora ejecutiva de ILGA Mundo, Julia Ehrt, durante el evento de presentación. «Se trata de dignidad, reconocimiento y justicia.  Con este documento, ONU Mujeres envía una señal clara: abordar la violencia contra las personas LGBTI tiene que formar parte de la agenda global para acabar con la violencia de género. Demuestra que hacer avanzar la igualdad de género significa proteger a todas las mujeres y niñas en su diversidad, y a las personas LGBTI en todas partes.»

“Los datos nunca son neutrales. Elegir contabilizar la violencia contra nuestras poblaciones LGBTI es un acto político”

Julia Ehrt, Directora Ejecutiva en ILGA Mundo