Nuestros movimientos LGBTI están siendo asfixiados. Así es como podemos sobrevivir
Síntesis:
Este artículo de opinión sobre los movimientos LGBTI es obra de la directora ejecutiva de ILGA Mundo, Julia Ehrt, y del gerente de programas de ILGA Mundo, Gabriel Galil. El artículo apareció en una versión abreviada y editada en «Context», bajo el título «»LGBTQ+ groups at risk of closure as USAID freeze adds to cuts». Consulte el artículo original en https://shorturl.at/UIKll
El 20 de enero cayó un rayo. El presidente estadounidense emitió su orden ejecutiva de congelación de toda la ayuda al desarrollo durante 90 días, dejando atónitos a los movimientos de derechos humanos, justicia social y humanitarios. A esto le siguió la notificación de la terminación de muchas -si no todas- las subvenciones de las organizaciones de la sociedad civil desde entonces. Aunque algunos estaban preparados para la posible aplicación del Proyecto 2025, a todos les cogió por sorpresa la profundidad, la escala, la rapidez y la temeridad de las acciones.
Meses después de la congelación de la financiación, las consecuencias catastróficas de la misma siguen desarrollándose. Como federación mundial de organizaciones LGBTI, ILGA Mundo se ha visto muy afectada. Sin embargo, las verdaderas víctimas dentro de nuestro movimiento global LGBTI son las organizaciones de la Mayoría global, para las que los recursos nacionales son extremadamente limitados o, en muchos contextos, inexistentes.
Varios actores han puesto en marcha estudios para comprender la magnitud de los daños; aunque las metodologías difieren, las conclusiones hablan el mismo idioma. Dentro de un año, el movimiento LGBTI tendrá un aspecto considerablemente diferente: menos vibrante, más pequeño, más pobre, y con una menor capacidad para resistir y documentar las violaciones de los derechos humanos por motivos de orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales.
Cada semana recibimos informes de organizaciones miembros que se ven obligadas a cerrar operaciones. Un estudio de Outright International, publicado tres semanas después de que se anunciaran por primera vez los recortes en la financiación, reveló que el 58% de las organizaciones encuestadas en 35 países ya habían tenido que despedir personal y/o interrumpir programas por completo.
Los recortes repentinos interrumpieron de inmediato los programas que combaten y documentan la violencia contra las personas LGBTI, o los que prestan servicios vitales a nuestras comunidades, incluidos la prevención y el tratamiento del VIH a poblaciones clave.
Sin embargo, los recortes del Gobierno estadounidense no existen en el vacío. En noviembre de 2024, los Países Bajos -el mayor donante gubernamental al movimiento LGBTI- anunciaron un recorte del 70% de su financiación para el desarrollo de las ONG. Desde entonces, varios otros países han anunciado una reducción de sus aportaciones de ayuda exterior de forma inminente o en los próximos 12 meses, entre ellos el Reino Unido, Suiza, Bélgica y Francia. El impacto sobre la sociedad civil será devastador.
Ni que decir tiene que el golpe financiero a nuestro movimiento llega en un momento en el que las victorias sociales y legales de las personas LGBTI se ven puestas a prueba por el auge de la extrema derecha y los movimientos y gobiernos autoritarios.
La oposición al feminismo, la salud sexual y reproductiva, los derechos y la justicia, y la ausencia de violencia y discriminación contra las personas LGBTI no es nada nuevo. Sin embargo, el auge de organizaciones antiderechos muy bien financiadas echa más leña al fuego. Estos grupos utilizan ahora su influencia en la Casa Blanca y otros gobiernos para difundir su retórica reaccionaria, con un éxito considerable.
Durante sus primeros días en el cargo, el presidente estadounidense Donald Trump emitió varias órdenes ejecutivas dirigidas directamente a las personas trans e intersex – bajo el falso pretexto de «defender a las mujeres», pero sin hacerlo realmente. Esto no sólo es extremadamente perjudicial para nuestras comunidades en EE.UU., sino que también envalentonará a los actores antigénero en otros lugares.
No se equivoque: una retórica así es siempre la mecha de una explosiva agenda oculta y subyacente destinada a dejar atrás a las mayorías sociales, incluidos las personas inmigrantes, las mujeres y las niñas, las personas racializadas, los pueblos indígenas y las personas con discapacidad.
Como era de esperar, las creencias religiosas se instrumentalizan para justificar estos ataques. Una reciente Orden Ejecutiva enmarca falsamente el activismo sobre los derechos humanos de las personas trans y el aborto como un ataque a las libertades religiosas de los cristianos, inventando contradicciones y amenazas inexistentes.
Y, por supuesto, un ataque al Estado de derecho no estaría completo sin golpear al multilateralismo. El Gobierno estadounidense ha anunciado su retirada del Consejo de Derechos Humanos y de la Organización Mundial de la Salud.
Estas acciones demuestran lo que nuestros movimientos llevan mucho tiempo diciendo: los ataques contra el género y la sexualidad son sólo una puerta de entrada para desmantelar las instituciones democráticas y de derechos humanos.
Es innegable: hemos caído en una época espantosa. Pero no podemos ceder al miedo.
La estrategia de «conmoción y pavor» no debe congelarnos: todes tenemos un trabajo importante que hacer. Los logros de la última década en materia de igualdad de género, autonomía corporal, derechos de las personas LGBTI y responsabilidad gubernamental no pueden perderse. Deben ser y serán defendidos.
Debemos proteger y reforzar el multilateralismo, la democracia y el espacio cívico. Los donantes gubernamentales y la filantropía privada deben dar un paso adelante antes de que los derechos humanos y los sistemas humanitarios se derrumben.
Pero sobre todo, los movimientos LGBTI, de derechos y justicia en materia de salud sexual y reproductiva, y feministas necesitan verdadera solidaridad, entre ellos y de los demás. No nos abandonemos les unes a les otres. Con tantas personas en el punto de mira de la actual ola de odio, nadie puede permitirse dejar de lado la interseccionalidad y la colaboración.
Tenemos que mantener la esperanza. Siempre hemos tenido que luchar duro por nuestras victorias. E, incluso cuando estamos exasperades y lo único que querríamos hacer es gritar «Déjennos en paz«, capearemos el temporal. Porque estamos luchando por todas las personas. Un mundo basado en la solidaridad, la empatía y la igualdad de oportunidades siempre será más fuerte que uno forjado sobre el odio.