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ILGA Brussels - internship Christa Levko, ILGA Brussels - internship
anonymous contributorEscrito anónimamente. (Español)

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Diane Rodriguez, founder of Association Silhouette X
“Legalmente no somos nada”

in ECUADOR, 01/07/2013

Que en la cédula aparezca la palabra género y no sexo, constituye un cambio legal a favor de las comunidades transexuales.

 

En la foto aparece una mujer con cabello largo, cejas depiladas y labios rosa. El nombre también corresponde al de una mujer. Pero hay algo que no concuerda con eso; a lado de la palabra sexo dice “M”, masculino. Así es la cédula de identidad de Diane Rodríguez, quien sabe perfectamente que su género no se refleja en este documento.

 

La historia de Diane, presidenta de la Asociación Silueta X, se repite en cada una de las personas que se reconocen como hombre o mujer, independientemente de lo que determinen sus genitales, siendo así que su nueva identidad de género no se puede visibilizar en sus cédulas. Ante este problema que las comunidades trans enfrentan, decidieron presentar un proyecto de reforma legislativa en el que proponen que se cambie la palabra sexo por género en las cédulas de identidad.

El pedido se realizó el 23 de julio, ante la Comisión de Gobiernos Autónomos y Descentralizados de la Asamblea Nacional del Ecuador, por parte de la Confederación Ecuatoriana de Comunidades Trans e Intersex (Confetrans), Asociación Silueta X y Proyecto Transgénero. Las consideraciones legales en torno al tema surgen a partir de la preocupación por la igualdad de derechos de estos grupos.

Por ejemplo, Jéssica Palma (21), transexual hace casi tres años, cuenta que quiere el cambio para “entrar en estadísticas en la ciudad”, y afirma: “No tenemos seguridades en lo que es salud y trámites de ese tipo –hablando de los bancos-, es complicado porque en la cédula sale otra cosa”. Ella habla también de las trabajadoras sexuales trans. Según un estudio de Silueta X, el 73% de las trans en Guayaquil incurren en este tipo de trabajos. Jéssica comenta, con ilusión, que si se reforma la ley sería “algo satisfactorio para ellas”, porque ahora van a poder tener otro tipo de empleos.

Actualmente existen formas legales por medio de las que una persona que no se identifica con el sexo que está en su cédula, pueda cambiarlo. La primera es hacer un juicio sumario, en el cual se puede cambiar la partida de nacimiento. La otra solución administrativa es pedir una acción de protección constitucional, pero esto podría tomar alrededor de nueve meses o más, incluyendo en el proceso la operación de los genitales.

Si la mención registral dice sexo, debería decir hombre o mujer y no masculino o femenino”, según Diane Rodríguez, quien también comenta: “Legalmente no somos nada”, porque no forman parte de lo que el Estado ‘les impone’.

Por otro lado, Lorena Bonilla, abogada provida, considera lo siguiente: “El hecho de que en la cédula exista el criterio del sexo de la persona, es simplemente el reconocimiento en un documento oficial (…) de un hecho inamovible que viene dado por la naturaleza” Esta postura es la misma que mantiene el asambleísta Rolando Panchana, él piensa que cambiar la palabra sexo por género en la cédula, significa agregar datos subjetivos a algo objetivo, “eso sería inaceptable constitucionalmente”.

La propuesta de las comunidades trans se fundamenta en los preceptos de igualdad, derecho a la intimidad y no discriminación ante la ley, que vienen dados por la Constitución del Ecuador, en cuyo artículo 11, numeral 2, plantea: “Nadie podrá ser discriminado por razones (…) de género”. Por lo cual, si se niega el pedido, no habría congruencia con la columna vertebral de las leyes del país. El abogado Xavier Flores asevera: “Lo que debes hacer es adecuar las normas sobre el tema de la cedulación a lo que dispone la Constitución. Si la Constitución dice que no habrá discriminación por orientación sexual y dice que se sancionará toda discriminación, lo menos que puede hacer una norma jurídica inferior es adecuarse a esa disposición”.

El derecho a la intimidad del cual se habla, tiene que ver con la información propia que la persona le otorga al Estado. En el caso de las trans, el hecho de que en su cédula diga su sexo, lo consideran como una violación a lo más íntimo, porque están poniendo al descubierto los genitales con los que nacieron. “Si soy transgénero y le doy mi cédula a alguien y me ve mujer, pero lee mi cédula y dice “ha sido hombre”, se está enterando de una cuestión íntima, referente a mi vida personal, que de repente a mí no me interesa que lo sepa, porque causa rechazo y porque causa discrimen”. Es decir, lo que sucede ahora, va en contra de los derechos constitucionales de cualquier ciudadano.

Otra consideración, es que si se da el cambio, no solo tendría que reformarse la Ley de Registro Civil y Cedulación, sino que habría toda una cadena de leyes que discutir, Panchana afirma: “Esto obligaría a hacer toda una modificación a otras leyes. Y creo que eso es lo que se busca, se busca no esa reforma en concreto, per se, sino se busca cumplir esa reforma y utilizarla para una serie de “conquistas” que estos grupos consideran “legítimas” y que les han sido negadas como hace 40 o 30 años.”

Al aceptarse esta reforma que piden las comunidades transexuales, las consecuencias serían de dos órdenes: legal y social. Por el lado de lo legal, según Panchana, podrían falsificarse identidades por medio del cambio de nombre y de género, para cometer otros actos ilícitos. Argumento que Flores considera como “ridículo”, porque eso puede darse ahora, así no se apruebe la ley.
Los logros de los grupos GLBTI a lo largo de los años constan desde 1997, por la despenalización de la homosexualidad en Ecuador, luego en 1998 se agregó en la Constitución la no discriminación por orientación sexual. Finalmente, en el 2008, en el mismo documento, se reconoció la unión de dos personas del mismo sexo y el derecho a no ser discriminado por la identidad de género. Esto aviva las esperanzas de Diane y otras trans, de algún día poder ver “Género: Femenino” en su cédula, de algún día poder ser llamada “señorita” sin prejuicio alguno y, al fin, ser una ciudadana libre como cualquier otra.

Adriana Nieto

 

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