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Sopas, menestras y maricas

in ECUADOR, 07/04/2014

La reciente resolución por contenido discriminatorio en el caso de Ecuavisa y del presentador Alfredo Pinoargote, emitido por la Supercom, es un ejemplo de la regulación del Estado ante los poderes fácticos.

Por Diane Rodriguez, Activista GLB Trans-Feminista

El poder fáctico existe a nuestro alrededor, tomando diferentes formas, desde las más cómicas hasta las directamente repudiables. Es decir, están al margen de las vías formales, incluso en ocasiones no coincide con las leyes establecidas de un Estado. Adicional a esto, en la mayoría de circunstancias no es impuesto, pues se encuentra tan posicionado en el imaginario social, que lo único que necesita es ser sugerido o promovido sutilmente para que surta el efecto indicado. Entre estos poderes fácticos se encuentran la iglesia y los medios masivos de comunicación.

La televisión ecuatoriana, como poder fáctico en efecto, tiene una capacidad terriblemente arrolladora de sugestión en la opinión pública y no solo esto, pues en el momento que aterriza en el criterio de un individuo repercute en la ejecución de su imaginario depositado. Básicamente, si vemos en un programa cómico parodias contra los afroecuatorianos, la mujer, GLBTI, etc. Que ridiculizan, minimizan, estigmatizan y cosifican sus estilos de vida, se está influenciando en el imaginario social, confundido a través de un humor poco innovador y creativo.

De esta forma la minoría social que intenta entrar en un sistema que la excluye en todas sus formas y a cada instante se encuentra en una lucha terriblemente desleal. Tomás Ibáñez, en su libro ‘Poder, Conversión y Cambio Social’ dilucida en su totalidad, lo que he mencionado.

Los medios masivos se ocupan en este sentido de mantener sus estructuras estables y normadas al costo del estigma y discriminación de los grupos vulnerados. Si la falta de responsabilidad social es frecuente en los programas masivos de chistes y parodias, imaginemos ahora lo que ocurre con los programas de opinión.

La reciente resolución por contenido discriminatorio en el caso de Ecuavisa y del presentador Alfredo Pinoargote, emitido por la Supercom, es un ejemplo de la regulación del Estado ante los poderes fácticos.

A los GLBTI nos han dicho: badeas, sopas, menestras, maricas, etc. Si sacamos las palabras mencionadas de este artículo, estaríamos hablando en efecto de alimentos y la otra palabra “marica”, posiblemente no peyorativa en el extranjero. Sin embargo, marica es determinante en su dilucidación ecuatoriana. Por tanto, dentro del lenguaje social urbano de nuestro país, entendemos que son utilizados despectivamente para herir y tratar de forma denigrante a los GLBTI.

En conclusión, desde los colectivos de la diversidad sexual estimamos que la ley de comunicación en efecto regula aquellos poderes fácticos que muchos creen, no hacen daño o son solo una opinión, desnudando -en este caso- su insulto y el intento de promoción de las normas establecidas de forma negativa por nuestras generaciones pasadas, a fin de asegurar paulatinamente un mejor porvenir social.

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