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Ecuador: De marchas y putas

in ECUADOR, 30/03/2012

"No puedo siquiera empezar a hablar de reivindicación feminista, transgresión y Marcha de las Putas sin antes pasar revista a algunas de las mujeres que sentaron las bases del feminismo en nuestro país."

Fuente: La República

Por Silvia Buendía
Guayaquil, Ecuador


No puedo siquiera empezar a hablar de reivindicación feminista, transgresión y Marcha de las Putas sin antes pasar revista a algunas de las mujeres que sentaron las bases del feminismo en nuestro país.
Antes de que existiera el Ecuador como tal, Manuela Sáenz (nacida en 1797), más que la compañera de Bolívar, era ya una activa líder feminista. Por quebrantar las normas patriarcales de su época fue criticada, denigrada y perseguida por la sociedad. Dolores Veintimilla de Galindo fue feminista, pensadora, poeta y mujer libre. Tan valiente fue Dolores que en la Cuenca de 1857 se atrevió a alzar su voz contra la pena de muerte. Esto le costó que Fray Vicente Solano, arzobispo de Cuenca, emprendiera en su contra una cruel campaña de desprestigio que no paró ni con la muerte de Dolores. Marieta de Veintimilla, escritora, periodista y política fue el poder tras el poder de su tío el Presidente Ignacio de Veintimilla. La audaz Marieta desbarató el levantamiento del Coronel Vernaza en 1882 y asumió el poder ejecutivo y el mando del ejército hasta que su tío se curara la borrachera y se declarara dictador.
Las reformas introducidas por la revolución de Eloy Alfaro nos convirtieron en el segundo país de América Latina en consagrar el voto femenino. En Ecuador la mujer puede elegir y ser elegida desde 1929, mientras en nuestros vecinos Colombia y Perú esto se consigue recién en 1954 y 1955 respectivamente. El revolucionario México de Adelitas y soldaderas le da voto a la mujer apenas en 1947. ¿Queremos más? Pues hay más. Sucede que en 1925 Matilde Hidalgo de Procel fue la primera mujer en toda Sudamérica en votar en unas elecciones. Lo hizo valiéndose de una atrevida solicitud al Ministerio del Interior que decidió a su favor.
Dolores Caguango fue mujer de pensamiento y lucha; radical, transgresora e indomable. Feminista. Su solo apellido hacía entrar en pánico a la clase alta latifundista serrana y hasta era utilizado como insulto. Nella Martínez, política, escritora, líder sindicalista, revolucionaria y feminista radical, estuvo durante dos días a cargo del gobierno durante la revolución Gloriosa de 1944 que derrocó a Carlos Arroyo del Río.
Las feministas somos herederas de estas y muchas otras voces de mujeres que en el pasado se alzaron reclamando derechos. No es correcto asumir que el feminismo es una moda nueva en nuestro país. Existe un excelente trabajo compilatorio realizado por Ana María Goetschel en su libro Orígenes del Feminismo en el Ecuador publicado por la CONAMU y la FLACSO en 2006 donde podemos informarnos sobre la trayectoria del movimiento feminista ecuatoriano.
Los logros feministas hoy nos pertenecen a todas. Pero no fue fácil para las mujeres que los conquistaron. También las llamaron ligeras, locas y putas, su moral fue cuestionada. En el caso de Matilde Hidalgo –para sólo citar un ejemplo- por tomar la decisión de estudiar secundaria no sólo se quedó sin amigas, también fue obligada por el cura de su parroquia a escuchar misa dos pasos fuera de la entrada de la iglesia. Matilde tenía apenas 18 años.
La Marcha de la Putas pretende reapropiarse de un insulto como herramienta para generar identidad y enfrentar un discrimen. Esto puede causar sorpresa, agrado, solidaridad o rechazo. Dentro de las voces de rechazo, se cuestiona el uso de la palabra puta precisamente por ser un insulto. Y también se cuestiona al feminismo. Esto da cabida a un necesario debate sobre el tema. El feminismo no es uno solo. Hay muchas variantes del feminismo y todas coexisten y se llaman a sí mismas feminismo. No se agota este debate diciendo -a veces echando mano de ejemplos muy válidos y otras veces usando vergonzosos prejuicios sobre este tema- que el feminismo no te gusta, o que es extremista o que es esto o que es lo otro.
Justamente de la crítica al feminismo institucional nacen iniciativas como el de la Marcha de las Putas que cuestionan y rompen los códigos establecidos. También los códigos feministas. El transfeminismo, el postfeminismo, el feminismo revolucionario que se viste de lentejuelas y boas de plumas, el feminismo proletario de la feminidad, el feminismo de la postpornografía son todos ejemplos de feminismos de vanguardia.
Más que ofrecer certezas inapelables esta apropiación del término puta pretende provocar, perturbar, cuestionar, incomodar y así abrir un nuevo campo del activismo feminista underground.
Sin embargo, yo volveré a explicar una y otra vez, sin cansarme, que cuando el insultado recoge el insulto y lo vuelve un “orgullosamente tortillera/negro/longa/invertido/pelagato/puta” deja sin piso al insultador que lo único que quiere es ver humillado al insultado. Porque resignificar una palabra es determinante para resignificar una realidad.

 

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