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La doble vida incomprendida

in VENEZUELA, 01/10/2011

En las noches César se convierte en "Betania La Cucaracha", una hermosa rubia que para sentirse deseada como una mujer, por escasas tres horas de satisfacción, es capaz de vender su cuerpo

Un 18 de agosto del año 1993, la familia Mendoza recibió la noticia de que había nacido el gran varón, era el primer bebé de sexo masculino entre un total de seis mujeres.
Con ilusión, todos comenzaron a hacer planes sobre el prometedor futuro que le esperaba al pequeño hombrecito.
Será un gran ingeniero o un beisbolista, quizás un reconocido abogado o un militar, eran los sueños de todos sus parientes, sin imaginar que la traicionera naturaleza había decidido cambiar su rumbo y su sexualidad ya no sería la de un macho.
Sus padres decidieron llamarlo César Augusto y como todo un varón, desde la edad de un año empezó a recibir regalos de sus parientes, eran camiones y carros que con el pasar de los años se fueron convirtiendo en los vehículos para pasear las muñecas de sus hermanas.

Su deseo cambiaba
César Augusto poco a poco fue perdiendo el interés por sus juguetes, mientras que sus padres veían con total normalidad su preferencia por las Barbie y por un estuche de maquillaje.
A los siete años comenzó a sentirse inconforme con su cuerpo y sin entender por qué tiene apariencia de hombre y por dentro desea ser mujer, le pregunta a sus papás "cómo podía hacer para moldear su cuerpo y verse tan linda como sus hermanas".
La desilusión y sorpresa fue tan grande para la familia Mendoza, que con golpes y maltratos intentaron cambiar los deseos de César, pero tal y como dice aquella canción salsera, "no se puede corregir a la naturaleza, palo que nace torcido jamás su tronco endereza".
Entonces decidió seguir sus sentimientos y a los nueve años perdió su virginidad con un vecino 18 años mayor que él.
Hoy, ya con 18 años de edad, para César su primera vez no se trató de una violación, cuenta que fue la prueba para darse cuenta que era una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre.

Maltrato y rechazo
Su orientación sexual fue el motivo para que sus padres se separaran, pues a pesar de contar con el apoyo de su madre, su papá lo rechazó y aborreció, hasta el punto de desear su muerte y alejarse completamente del vínculo familiar que los unía.
César se convirtió en un excelente estudiante universitario y aunque se viste y arregla como un hombre, todos saben su preferencia por las personas de su mismo sexo y optan por apartarse de él, como si fuera portador de una peligrosa enfermedad.
Hace dos años, César sintió que su mundo se derrumbaba y juzgándose por sus deseos, en una oportunidad decidió terminar con su vida. Cuenta que ese día caminó y caminó por varias calles del centro de Maturín, hasta detenerse al final de la avenida Bolívar.
"Miré a varios travestis prostituyéndose y pensé que esa era su única forma de desahogarse, en un segundo, una se me acercó y luego de hacerme entender que ser gay no significa ser un monstruo, me convenció para que probara y trabajara".
Entre lágrimas, César Augusto cuenta que la primera vez se sintió humillado, "las personas no entienden que nuestra condición es especial, que muchos sufrimos maltratos cuando somos niños, otros fueron abusados sexualmente y una minoría lo hace porque simplemente su cuerpo así se lo pide".

La transformación
En las noches se transforma en "Betania La Cucaracha", su madre y hermanos no saben que se prostituye y aunque no lo hace por dinero, el placer de sentirse deseada como una mujer, por escasas tres horas, la llena de satisfacción.
"Sólo trabajo los fines de semana, salgo de mi casa vestida como un hombre y detrás de un hotel abandonado en el casco central de Maturín, mis compañeras y yo nos cambiamos y maquillamos para un grupo de clientes fijos".
Betania se convierte en una hermosa rubia, su verdadero cabello negro oscuro se esconde bajo una peluca; su cuerpo ya no es de contextura gruesa como un hombre, su figura ya está un poco moldeada y sus partes íntimas se esconden en una minifalda, mientras que sus alargadas piernas son recubiertas por medias pantis de mallas, finalizando con unas sandalias de plataforma, de color dorado.
Betania se sorprende al ver cada día de trabajo cuántas personas con doble vida hay en el estado y aunque a diario recibe maltratos e insultos de los transeúntes que pasan por su lado, se siente complacida al saber que no es la única inconforme con su personalidad y su cuerpo.
Betania sólo quiere ser comprendida y pide no recibir más maltratos de los policías. "Somos seres humanos, con sentimientos, libres de decidir qué hacer con nuestras vidas, pagamos impuestos y no somos mutantes ni portadores de un virus mortal".

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