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Etiquetado con: familia queer
Foto: Sebastián Freire
Queer, la palabra que falta

in UNITED STATES, 15/12/2012

Sombrero vaquero, chaleco sin mangas que refuerza el aire de western americano y una pollera española, amplia y bordada que desbarata cualquier presunción de pertenencia. Del La Grace Volcano nació en California; pero ese dato no explica el sombrero, es apenas un punto de partida.

La vida misma, tal como la explica, es una línea que siempre se está dibujando. Y como toda línea, está compuesta de puntos. Fotógrafo, intersex, gender queer, “mapa” o “pama” pero nunca papá o mamá; tres matrimonios –dos por razones políticas que no tienen que ver con la inmigración si no siempre con la denuncia de la heteronormatividad y el sistema binario de géneros- y una obra que ha dado la vuelta al mundo con la velocidad con la que lo hacen los buenos secretos. Éste circula porque siempre se dice muy cerca del oído, se escucha como esas cosquillas que erizan la piel porque anuncian un placer de este mundo, físico, carnal.

Sobre esa obra, sobre su trabajo celebrando y erotizando cuerpos que no suelen circular en el mercado del placer, intentó ser esta nota. Pero es Del quien cambia de tema. Es que se acaba de formar la primera organización intersex de Europa –de la que ella es una de las cabezas visibles-, hubo acuerdos en el Segundo Foro Mundial Intersex para que no haya más voces que la de los activistas en la reunión –se evitó que ingresara un profesional médico como perfecta demostración de una resistencia constante en los recorridos intersex: la medicalización- y además hay posibilidades de que Ilga incorpore una secretaría intersex. Entonces el ánimo militante lo lleva a hablar de sí mismo. Y el amor por su familia queer, a compartir esa experiencia para sumar en este espacio algo que había estado silenciado: nuestras familias, las que creamos contra toda norma y no porque deseos de normatividad.

¿Es cierto que Volcano es el apellido que tomaste de tu primer esposo?

Es cierto, la gente cree que lo inventé, pero no. Lástima que él no tomó mi apellido. Ahora me caso por tercera vez, pero ninguno de los dos tomó el apellido del otro.

Tres matrimonios me obligan a preguntarte qué significa esa institución para vos.
Creo que es posible subvertir la institución del matrimonio, para mí casarme en Suecia donde para el todo el mundo es posible casarse, fue bien diferente. No es mi primera opción dentro de las campañas necesarias del movimiento lgbt, pero desde una perspectiva americana, después de lo que significó la propuesta 8, creo que también tengo que pelear por eso. Nunca pensé que me iba a casar por amor porque la verdad es que yo siempre estuve en contra de la institución. Pero de una romántica y apasionada manera mi esposa me pidió casamiento. Y sentí que era la primera vez en la vida que podía decir sí, con conciencia del compromiso. Y aquí estoy, feliz de mi elección.

¿Crees que el amor puede tener una dimensión política también?
Por supuesto. Yo he practicado y defendido el poliamor, nunca fui monógamo, tuve muchas parejas. Lo que para mí es radical es tener una pareja. Y soy monógamo con posibilidades ahora. Si realmente quisiera tener sexo con otra persona; también lo haría, tal vez lo hablaría con mi pareja. Pero llevamos juntos siete años y hasta ahora ninguno ha estado interesado en el asunto. Además tenemos un niño de un año y medio, con lo cual nos queda muy poca energía extra para hacerlo. Si tenemos suerte de tener sexo entre nosotros, ahora es para festejar. Pero sí te puedo decir que soy poliemocional, tengo profundas relaciones con otras personas que son físicas pero no sexuales, que son emocionales y también apasionadas.

¿Cómo llegó la decisión de tener un hijo dentro de lo que vos llamás una familia queer?
Yo empecé a pensar en tener un hijo desde que tengo más o menos 36. Pero no quería ser sólo yo criando, ninguna de mis relaciones me parecía lo suficientemente estable como para ser buenos padres. Así que ahora lo discutimos, él asumió que yo no me embarazaría nunca y él, en un momento, bueno, estuvo dispuesto.

¿El es un varón trans?
No, él es gender queer. El estuvo embarazado. Gender queer en el sentido que no tiene problemas con su cuerpo físico de mujer pero su expresión de género es masculino. No butch, sino masculino. El es mucho más masculino que yo, pero también mucho más joven por eso no sabemos qué pasará en adelante. Sé que ahora no se vestiría jamás como yo, soy mucho más femenino que él.

¿Vos te reconocés también como gender queer?
Yo me reconozco como intersex y gender queer, me parece que es más apropiado para mí que trans. Lo digo porque mucha gente cree que soy trans, lo que está ok. Pero ese no soy yo, no es lo que quiero hacer visible de mí. Siempre fui mal percibido, primero como una mujer y ahora soy mal percibido como un hombre. Pero nunca hice una transición para ser un hombre, ni tampoco nunca quise ser exactamente un hombre. Quisiera ser percibido como intersex pero que esto no parezca una discapacidad porque no lo es.

No me imagino otra manera de percibir una identidad intersex más que preguntando.
Es que no ha sido una identidad muy visible. Las personas con cuerpos intersex suelen ser operadas para que sus cuerpos entren dentro de la norma. E incluso cuando no sean operados, de todos modos tenemos que ser por la fuerza mujeres o varones. Hay muy pocas personas con los “cojones” (lo dice en español) para hacerse visible como intersex, aun hoy, como estoy vestido, la gente me percibe más como un hombre gay, tal vez como una travesti. Incluso cuando muestro mis pechos, todavía tengo unos pechos pequeños, y mi barba; nadie está programado para ver más allá de mujeres y varones. Por eso es el compromiso de hacerme visible como intersex, aunque a veces resulte cansador.

En tu trabajo como fotógrafo se ve la celebración de los cuerpos, cuerpos diversos, cuerpos disfrutables, cogibles, dispuestos ¿te tomó tiempo celebrar tu propio cuerpo?
Sí, me tomó mucho tiempo. Debe hacer apenas 17 años de los 55 que tengo que dejé de intentar ser sólo mujer. Y traté muy duro de conseguirlo. Me depilaba la barba, no me la afeitaba para que no me crecieran los pelos o se pusieran duros. Yo tenía una identidad lésbica muy fuerte, incluso mis prácticas sexuales eran más bisexuales que otra cosa y aun así tenía una identidad lesbiana. Era importante para mí ser aceptada como mujer y por eso tenía que ocultar mis cicatrices, depilarme. Todavía duermo mal, porque yo me entrené para despertarme antes de cualquier persona con la que estuviera durmiendo para que no vea mis cicatrices, para quitarme los pelitos de la barba… pero en 1995 dejé de depilarme y la dejé crecer y dejé de tomar hormonas. Y empecé a pensar que podía hacerme visible como intersex y que eso sería más fácil. Y la verdad es que nada cambió mucho porque para muchos sigo siendo un error: un hombre femenino o un hombre gay. Qué se yo, yo creo que mi voz no es súper masculina, creo que es bien suave, aunque también puedo agravarla, y también por eso me siguen percibiendo en la calle más como un hombre que como otra cosa. Pero para mí es un compromiso, algo que me impuse, hacer visible quién soy y resistir a la mirada y la percepción sobre mí. Porque de verdad soy muy queer.

Quiero decirte que así es como se te ve, al menos para ojos latinoamericanos.
(se ríe) Puede ser, pero la resistencia, la verdad, es bastante pesada. A veces me canso de sostener la bandera queer y que todo el mundo crea que soy quien la tiene que hacer flamear. Ahora, por ejemplo, resulta que porque me casé y tengo un hijo parece que bajé la bandera, que me vendí. Por eso yo pregunto, también al movimiento lgbt, por qué tanta normatividad, por qué caemos en eso siempre aplicado a los demás. Yo conozco queers que cuando dicen que están pensando en tener hijos les proponen que adopten en lugar de embarazarse, pero nunca preguntaron lo mismo a una mujer heterosexual. Nosotros no tenemos los mismos motivos que las parejas heterosexuales para tener hijos, estoy seguro, no sé por qué hay que entregar esa capacidad reproductiva que tenemos.

De alguna manera, tener hijos dentro de familias queer también es una oportunidad, para ellos y para nosotras y nosotros.
Mi hijo tomó de mi pecho, los dos lo alimentamos –en mi caso usé una cánula porque era muy tedioso generar leche aunque también hubiera podido-; tenemos un amigo que nos donó el semen que no es el padre pero sí nuestro amigo, también es queer y tiene una hija con su pareja mujer. El donante va a cumplir años la semana que viene y vamos a ir todos a la fiesta y cuando tenga edad sabrá quien ha sido su donante y habrá estado en contacto con él.

¿Conocés el caso de la pareja que crió a su hijo sin marcas de género? Fue bastante famoso en su momento…
Creo que lo pudieron hacer porque son heterosexuales. Me parece una gran iniciativa, lo que trataron de hacer es desafiar ese imperativo de que estar con un niño en la calle implica la pregunta constante sobre si es nene o nena y entonces parece que es un gran tema ¿qué les importa? Ellos fueron muy valientes. En nuestro caso, cuando nos preguntan, yo digo que no sé, pero que si me dejo llevar por sus genitales, tiene un gran pene. Y que se yo, hasta que me diga lo contrario, yo lo voy a llamar como él.

¿Cómo son percibidos como familia en la calle?
Bien, igual, me importa un carajo.

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