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anonymous contributorEscrito anónimamente. (Español)

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Cuerpos distintos…

in ECUADOR, 22/11/2009

Hace unos años, se celebró un encuentro político de travestis en el Hotel Tambo Real, en Quito. Llegaron militantes y no militantes, “siliconeadas”, “hormonizadas” y “naturalitas”; de esas que hacen maravillas con la esponja (truco para obtener una silueta femenina que, en el mundo travesti, se conoce como “encorpar”).

Fuente: Telegrafo.com.ec

Elizabeth Vásquez
Columnista
evasquez@telegrafo.com.ec

Dos de las chicas se habían operado. Unas “de clóset”, otras muy de frente; trabajadoras sexuales, estilistas, las “se travisten” de ocasión, las que “son travestis” a tiempo completo, y un solitario trans masculino -un hombre que nació mujer- llenaron los pasillos de cuerpos distintos: imponentes, sobrevivientes, ninguno neutral.

Quién diría, esperando el ascensor al lado de esos cuerpos, que aún es posible confinar estéticas tan valientes a la existencia en periferias físicas y socioculturales.

En el séptimo piso, las chicas se metieron a un cuarto. Se celebraba una “pijamada de mujeres”. La anfitriona, Carla, contó su historia. Migrante a los catorce, regresó a los dieciocho a su recinto en Manabí para intentar montar una microempresa de artesanías.

No resultó y volvió a trabajar en las calles de Guayaquil. Le siguieron otras historias: de amores, familias, hormonas, el trabajo sexual en Europa, las noches de batidas en Quito, las amigas que ya no están....”sólo mi hermana me ha visto así”, “uy... ¡qué vergüenza que pasé para sacar la cédula!”; “está malo el trabajo en las peluquerías”... La confianza se apoderó del grupo. Finalmente, las dos operadas mostraron sus neovaginas: sabían que las otras se morían de curiosidad.

Lo hicieron bajo la condición de “todas o nadie” y la cosa terminó en striptease colectivo. Afuera, en el mundo heterosexual, hombres y mujeres –cuerpos distintos– someten su desnudez a un control sexual que se expresa, muy emblemáticamente, en el régimen de separación de los baños públicos.

Se supone que entre cuerpos iguales (“sólo entre hombres”, o “sólo entre mujeres”) está permitido desnudarse porque entre esos cuerpos “no va a haber nada” más que, quizá, un poco de envidia.

 

“¿Qué hacer, entonces, con el deseo rebelde que se instala entre cuerpos iguales?”

Entre homosexuales, el control sexual cae en un punto ciego: la desnudez se permite entre sexos iguales pero se censura entre sexos que se atraen. ¿Qué hacer, entonces, con el deseo rebelde que se instala entre cuerpos iguales? Y en un grupo trans todo es más difícil aún, porque, para empezar, no se sabe quién mismo es hombre y quién es mujer.

El hecho es que en la pijamada de Carla todos los cuerpos se reían; pene o no pene, un simple detalle en medio de un sentimiento abrumador de complicidad.

En todo caso, parecería que la cosa quedó entre mujeres: no fue invitado el trans masculino, a pesar de su anatomía femenina, idéntica a la de las chicas operadas.

Era distinto. Él era hombre. Lo cierto es que siempre hay cuerpos distintos en el mismo cuarto. Lo que no hay siempre es la posibilidad de compartir la cercanía de esos cuerpos, los que sean.

Está la distancia de los géneros clásicos pero también muchas otras distancias. Pocas veces se salvan. Memorables a veces, como la noche en el cuarto de Carla.

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