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Brasil: Germina un gobierno pensando en las mujeres

in BRAZIL, 08/02/2011

Dilma Rousseff confirmó en sus acciones iniciales como primera presidenta de Brasil que la dimensión femenina será el rasgo que distinguirá su gestión, diseñada para ser la continuidad del gobierno de ocho años de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva.

Fuente: IPS

Por Mario Osava

Rousseff, tras asumir el cargo el 1 de este mes y nombrar nueve ministras, un récord histórico, anunció que su principal meta social es erradicar la pobreza extrema.

Para cumplir con esta promesa tendrá que adoptar un enfoque de género, porque esa es una llaga básicamente femenina, que ha resistido a las últimas y exitosas políticas de combate contra la pobreza y la desigualdad en Brasil.

Las familias más pobres están mayoritariamente a cargo de "mujeres con hijos pequeños, menores de 10 años", según Hildete Pereira, profesora de la estatal Universidad Federal Fluminense e investigadora de economía y género.

Esa situación ocurre por un conjunto de factores, entre los que se cuentan que las mujeres reciben un menor salario que los hombres en trabajos iguales, que tienen menos propiedades y que son desplazadas en las herencias. Esto se agrava cuando las parejas se separan, pues son ellas las que asumen generalmente la responsabilidad por los hijos, detalló la economista a IPS.

Con menos ingresos, más responsabilidades y obstáculos adicionales para obtener empleo, la madre sola cae en la miseria. Por eso el Programa de Erradicación de la Pobreza Extrema, anunciado por el gobierno de Rousseff y que estará listo para su aplicación en marzo, exigirá la capacitación de las mujeres beneficiadas y se dará una amplia oferta de guarderías, dijo Pereira.

Si no se crean las condiciones para que esas mujeres tengan mejores oportunidades en el mercado de trabajo y mayores ingresos, las posibilidades de reducir la miseria en ese segmento de la sociedad serán muy escasas, según los expertos.

La cantidad de brasileños en la indigencia bajó de 32,4 millones a 15,8 millones entre 1993 y 2008. Pero si se miden solo los hogares encabezados por mujeres, apenas 300.000 personas salieron de esa situación de las 5,5 millones que había al comienzo del periodo indicado, según el Instituto de Estudios de Trabajo y Sociedad en base a datos del ente estadístico oficial.

También se conoce que la situación es peor aun en las 10 mayores ciudades del país, donde la cantidad de hogares indigentes a cargo de mujeres aumentó de 1,6 millones a 1,8 millones en los 15 años estudiados.

"El rostro de la pobreza extrema es una mujer negra y jefa de familia", sintetizó Pereira. Agregó que también la discriminación racial contribuye a anular, en ese sector poblacional, los efectos positivos del crecimiento económico, la generación de millones de empleos y las políticas de transferencia de renta que signaron los ocho años del gobierno del izquierdista Lula.

La presidenta Rousseff, del mismo Partido de los Trabajadores que Lula, prometió en su campaña electoral crear 6.000 guarderías. La cantidad es irrisoria para las necesidades de un país que hoy ya contiene a 191 millones de habitantes, pero se trata de una meta del gobierno nacional, que no es el encargado de ese tipo de atención social.

El problema es que las alcaldías, los verdaderos responsables de multiplicar estas guarderías, no lo hacen, aunque dispongan de recursos de un fondo educacional. Tampoco este asunto es una bandera importante de campaña en los comicios municipales, lamentó Pereira.

El desafío de la presidenta será "inducir" a las autoridades locales a cumplir con su parte.

"La lucha más obstinada de mi gobierno será la erradicación de la pobreza extrema y la creación de oportunidades para todos", aseguró Rousseff al asumir la Presidencia.
Para la tarea nombró al frente del Ministerio de Desarrollo Social y Combate al Hambre a Tereza Campello y a Ana Fonseca como su segunda, ambas con un pasado de diseño y coordinación de programas sociales, como el de Beca-Familia, que beneficia a 12,8 millones de familias pobres.

La feminización del gobierno, promovida por Rousseff, no alcanzó la meta anunciada de 30 por ciento de mujeres en un equipo de 37 integrantes del gabinete. Pero nueve mujeres significan el doble del promedio que mantuvo Lula en sus dos mandatos.

En la historia de la república brasileña, inaugurada en 1889, solo hubo 17 ministras, pero ninguna antes de 1982.

Es "una novedad importante", aunque la meta de 11 no se cumplió "porque los partidos no designaron mujeres" para representarlos en el gabinete ministerial, sostuvo Jacira Melo, directora del Instituto Patricia Galvão.

Además, todas las ministras reúnen "calificación técnica y compromiso" con la equidad de género, acotó.

"Por primera vez las políticas sociales serán integradas", con una coordinación entre ministerios de bajos presupuestos, como los de Políticas para Mujeres, de Igualdad Racial y de Derechos Humanos, que fortalecerá sus voces en los proyectos destinados a combatir las desigualdades, señaló Melo.
Las primeras iniciativas del gobierno alimentan el "optimismo" del movimiento de mujeres. La decisión de Rousseff de llamarse presidenta, en lugar del neutral presidente preferido de los medios de comunicación y de la población en general, tiene "un valor simbólico extraordinario", opinó la activista.
Esa afirmación femenina no ocurrió en las elecciones parlamentarias, realizadas en octubre pasado, al miso tiempo que la primera vuelta presidencial.
Solo 45 mujeres lograron acceder a la Cámara de Diputados, con 513 escaños, repitiendo el resultado de 2006. En el Senado, la bancada femenina subió solo un lugar para sumar 12 de los 81 miembros.

"Tenemos que cuestionar los partidos políticos, que son la gran barrera" a una mayor representación femenina en el parlamento, al bloquear el acceso de las mujeres a instancias de poder partidario y negarles financiamiento para sus campañas electorales, lamentó Melo.

La presidenta Rousseff tampoco abrazó los reclamos feministas, como la legalización del aborto, pero si su gobierno logra "tratar con serenidad el tema, sin ceder a las presiones de la Iglesia Católica", ampliando los servicios de salud y de prevención, ya será un gran avance, concluyó.


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