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Un liderazgo cruel: A propósito de Lula y el movimiento LTGB

in BRAZIL, 10/01/2011

Hace dos días, Luiz Mott, antropólogo y activista gay brasileño, publicó un interesante artículo en el O Globo de Brasil, que da cuenta de las diferencias y tensiones que pueden suscitarse al interior de nuestros movimientos al momento de negociar nuestras agendas con el Estado. El artículo evidencia la madurez de un movimiento LTGBI complejo, capaz de reflexionar y debatir en un Foro público, y que a pesar de sus diferencias y tensiones es capaz de articularse nacionalmente en un espacio geográfico 8 veces más amplio que el nuestro.

Fuente: InfoDiversidad

Por: Tito Bracamonte / Activista Movimiento Homosexual de Lima (Mhol)

En resumen, Luiz Mott se manifiesta crítico frente a la postura de sectores mayoritarios del movimiento LTGBI brasileño frente al régimen del ex-presidente Lula da Silva, al que han visto como un aliado fundamental en la consecución de los derechos LTGB, al facilitar la implementación del Programa Nacional de "Un Brasil Sin Homofobia" o el gubernamental Consejo Nacional LTGB, entre otros. Mott señala que durante el gobierno de Lula no se han logrado avances significativos en el Congreso, que la violencia homofóbica se ha incrementado en el mismo período (en referencia a los crímenes de odio), y que las campañas contra el VIH no han tenido mayor efecto frente al impacto del mismo en las comunidades LTGB. Finalmente, señala que Cristina Kirchner ha sido mucho más consecuente que su par brasileño.

Sin duda resulta difícil opinar sobre lo que acontece en un país que cuenta con el movimiento LTGBI más amplio y fuerte de América Latina, y donde los partidos políticos más importantes -de izquierda, progresistas y liberales- coinciden en la deuda histórica que tiene el estado brasileño para con las comunidades LTGBI. Más difícil aun, sí desde nuestro propio tejido y movimiento social somos testigos silenciosos de la violencia homocida de un Estado que niega sistemáticamente una vida vivible para las y los LTGBI en el Perú.

Hasta donde se puede apreciar, las diferencias de fondo en el movimiento LTGBI brasileño no son de tipo programático, pues las agendas parecen estar definidas y consensuadas después de largos años de trabajo interno (no exentos de tensiones y conflictos), y de negociación con los partidos y decisores eventuales del Estado (recordemos que el Programa "Un Brasil Sin Homofobia" se aprobó con Fernando Henrique Cardoso). Las diferencias perecieran ser más de estrategias para lograr que la voluntad discursiva del Estado y sus líderes, se transforme en acciones y mecanismos institucionales que enfrenten aquello que afecta en el día a día a las y los LTGBI. En esto pareciera haberse avanzado poco durante los dos gobiernos de Lula.

¿Qué aprendizajes podemos obtener de la experiencia brasileña? Un primer aprendizaje es la posibilidad de enunciación desde nuestra propia condición marica, queer, LTGBI o desde el lugar de enunciación que cada uno o cada una prefiera. El reflexionar, debatir y disentir potencia las capacidades críticas de nuestros movimientos además de facilitar argumentos informados. Contrariamente en el movimiento LTGB peruano pareciera haberse instalado la vocación del silencio (alimentada intencionadamente desde algunos liderazgos), que repele la argumentación política y el desarrollo de las capacidades críticas de las y los activistas. Se prefiere el control (mediante variadas formas de sujeción, dependencia o empatía) antes que la exposición y la igualación a través del debate. Podría afirmarse que mientras en el Brasil el Foro público constituye una de sus fortalezas en el Perú representa una de sus debilidades.

Un segundo aprendizaje es la necesidad de construir consensos mínimos alrededor de las agendas y propuestas de los movimientos LTGBI frente a sus Estados. El movimiento LTGBI brasileño parece haber definido y consensuado sus agendas y propuestas, priorizando entre ellas las que en el cotidiano afectan y atentan contra la vida y dignidad de las personas. Estas han sido el fundamento de lo negociado en los últimos 12 años con el Estado brasileño, y que se ha traducido en el Programa de derechos humanos de LTGBI más ambicioso de Estado alguno en América Latina: "Un Brasil Sin Homofobia". Contrariamente, las dificultades para construir consensos mínimos en el Perú se ha traducido en la fragmentación y privatización de las agendas y/o necesidades de las y los LTGB, favoreciendo así el peso decisor (o tutelaje) de los "aliados" del movimiento que desde el tercer sector, las universidades, el Estado o los partidos políticos capitalizan las debilidades del propio movimiento organizado.

Un tercer aprendizaje tiene que ver con los dos puntos previos: la posibilidad de enunciación (de agendas, demandas, propuestas, etc.) y de construcción de consensos mínimos sobre éstas supone la existencia de actores organizados con capacidad de liderazgo e interlocución política. En el Brasil, las organizaciones LTGB comprendieron ya hace mucho, cuando conformaron la Asociación Brasileña de Gays Lesbianas y Trans (ABGLT) en el año de 1995, la importancia estratégica de la articulación del movimiento en su país para constituirse en interlocutor del Estado. La ABLGT ha transitado de 31 organizaciones a 237 en sus 16 años, constituyéndose en el referente institucional del movimiento LTGB de uno de los países más grandes y complejos del planeta. No hay presidente de la república, ministerios, gobiernos estatales, partidos políticos que en el Brasil puedan obviar la legitimidad de este espacio para tomar decisiones respecto a los derechos de las y los LTGB.

En el Perú mientras tanto, con un movimiento LTGB con una fuerte centralidad en la ciudad de Lima (y donde prevalecen intereses particulares y mutuas desconfianzas), los intentos de articulación política del movimiento han devenido en fracaso. El resultado: un movimiento fragmentado, sin capacidad de liderazgo ni interlocución, y donde sus partes resultan reactivas a las iniciativas de terceros.[1]

Probablemente un artículo como el de Luiz Mott (véase en: http://oglobo.globo.com/opiniao/mat/2011/01/03/uma-cruel-lideranca-923410894.asp), en el Perú se hubiera percibido como contraproducente, incluso desleal al movimiento o a un sector del mismo. En el Brasil en cambio, la posibilidad de opinar y disentir, en el medio periodístico de mayor audiencia del país, constituye un ejercicio que aporta y enriquece a un movimiento de por sí complejo e institucionalmente fuerte. Imagino que no ha sido fácil para nuestros pares brasileños. Han costado años de trabajo y sacrificio anónimo de cientos sino miles de activistas. En el Perú, ¿las y los LTGB estaremos dispuestos a dialogar y mirarnos a través de esta importante experiencia?

[1] Un ejemplo son las iniciativas actualmente en curso en el Congreso referidas a los Crímenes de Odio (Ley Bruce-Perú Posible), y la de Uniones Civiles (Ley Vargas-Apra), que siendo medulares para el movimiento no forman parte del desarrollo de sus propias estrategias políticas.

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