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Pocas cosas están claras en Irán. Sobre el pasado reciente, sobre el presente y, más aún, acerca del futuro. Pero es evidente que las mujeres han tenido y tienen un peso y una fuerza más que importantes en este movimiento popular que ha salido a las calles con el ímpetu de un clamor que llevaba demasiado tiempo ahogado en las gargantas.
Las mujeres iraníes suelen estar a la sombra, en silencioso cumplimiento de un mandato masculino que no deja lugar a sueños o inquietudes, y mucho menos a libertades. En el mejor de los casos serán la esposa de un líder o la madre de un mártir.
Las mujeres en Irán no se visten como quieren, ni trabajan donde y cuanto desean, no tienen libertad de expresión ni de movimientos y aún invierten muchísimo tiempo y energías en campañas destinadas a hacer respetar sus derechos más básicos. Campañas que, en gran parte de los casos, terminan condenándolas al encierro o la muerte.
Mucho se ha dicho acerca de cuál será el cambio posible si en lugar de Ahmadinejad asumiera su rival, Musavi. Si realmente hay diferencia y quién, en definitiva, mueve los hilos en ese país. Pero también la esperanza depositada por la gente en el candidato opositor habla a las claras de su necesidad de cambio, de sus urgencias
Y no es casual que el símbolo de la lucha y la resistencia del pueblo iraní sea Neda, una mujer, una joven, cuya muerte fuera filmada y luego vista por el mundo entero, horrorizado, aunque no tanto como para hacer algo al respecto.
Neda es una víctima más de la crueldad impune e ilimitada de las hordas parapoliciales de donde proviene el propio Mahmoud Ahmadinejad, y que le guardan fidelidad incondicional. Pero también es una víctima – como tantas otras – de un mundo que observa perplejo y casi en silencio.
Como todos esos hombres y mujeres que salieron a las calles de Irán, la memoria de Neda aguarda justicia, y la merece.
Fuente: Roxanalevinson.wordpress