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anonymous contributorEscrito anónimamente. (Español)

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Discriminación tras el uniforme

in BOLIVIA, 06/11/2009

Un grupo de uniformados abre el closet y habla sobre la posibilidad de que existan uniformados bisexuales o gays. De hecho, ya hubo casos de oficiales que fueron discriminados cuando se les descubrió su preferencia sexual “Está jodido. Si en el Ejército se dan cuenta de que un soldado es gay, está jodido”. Son las palabras de un militar de alta graduación cuyo nombre y procedencia no podemos revelar porque para hablar con la prensa tiene que pedir permiso a los superiores. Y los superiores no siempre están dispuestos a hablar del tema, como se vio en los intentos para recoger la opinión de militares tanto en La Paz como en Santa Cruz.

Fuente: Revista Extra (El Deber)

 

—Como instructor, ¿qué sucedería si se diera cuenta de que uno de sus reclutas es gay?

El militar lo piensa por unos instantes y responde: “No haría nada”.

—Hagámoslo complicado: el joven es inteligente, cumple con todas las órdenes y hasta tiene dotes de liderazgo. En suma, es un excelente soldado. Y ya no quiere seguir guardando su secreto. Se lo cuenta a usted. ¿Qué hace?

Eso sí que es complicado. Yo no soy quién para opinar. Tendría que verlo un profesional para saber qué hacer. No olvide que los jóvenes son casi sexualmente irrefrenables. ¿Y si lo maltratan? ¿Y si lo violan?

Según Wílmer Galarza, presidente nacional del Colectivo GLBT, que tiene sede en Cochabamba, en instituciones como el Ejército y la Policía es impensable que exista una persona que abiertamente sea gay o lesbiana. “Es cuestión de hombría y no va con la regla, por tanto, si te descubren como homosexual dentro de una de estas instituciones estás condenado a lo peor. Legalmente no te pueden dar de baja por ser homosexual porque esto compete a tu intimidad”, asegura. Para el militar entrevistado, en el reglamento de las Fuerzas Armadas el tema no está considerado, pero las acciones son claras. Incluso empiezan en la época de formación. “Llevo 15 años en la institución —dice otro uniformado, de baja graduación— y no he visto ni un caso. Ya desde la escuela se va viendo si son o no son así (homosexuales). Si hay sospechas, se destina a una persona para que lo vigile y vea cómo es su comportamiento”, cuenta. ¿Y si el comportamiento es ejemplar? ¿Qué pasaría si su camarada es gay? El militar sonríe, divertido, en señal de una negativa. “Quizá si hace sus cosas fuera de la institución… pero ni así. No, no creo”, sentencia.

Galarza admite que las instituciones uniformadas no se oponen abiertamente dentro de sus reglamentos a admitir personas homosexuales, pero tampoco lo permiten. “Es un juego legal que Bolivia está acostumbrada a utilizar. La dificultad de ser homosexual en un instituto castrense deriva en tu vida personal, porque muchos gays y lesbianas son del Ejército y de la Policía. Esas personas se han visto obligadas a tener doble vida; se llegan a casar, a tener familia, a tener una vida de cuartel profesional como todos los de su área, pero también tienen una vida subterránea, que es la vida homosexual y que se la permiten durante toda su vida”, dice.

Lo que plantea el instructor anónimo es, por ahora, impensable. En el Ejército no se habla del tema desde que hace seis años un general dijo públicamente que los gays “no le servían en el Ejército” y que sería un peligro porque intentarían seducir a alguien, sin respetar a los instructores. El entonces comandante Juan Hurtado dijo que admitirlos induciría a la promiscuidad en los cuarteles. La respuesta de la población gay, que no se hizo esperar, recurrió a estudios y planteó un desafío: “Desearíamos que usted nos demuestre públicamente el hecho de que la práctica homosexual es promiscua dentro del cuartel, puesto que, según estudios respecto a la sexualidad, no podemos decir si la práctica homosexual, bisexual o heterosexual sea más o menos promiscua”.

¿Es importante para la población de lesbianas, gays y travestis integrar el Ejército? ¿O la Policía? “Ingresar a las Fuerzas Armadas es simbólico. Se trata de una institución castradora y machista. Es importante”, comenta Pablo Vargas, responsable de comunicación de la Fundación Igualdad. “Quizá estas personas sean bisexuales, lo cierto es que deben ocultarlo durante toda su vida si no quieren sentir la presión de todo un sistema que los obligará a desertar de su sueño de ser soldado o policía”. Queda fuera de discusión que cualquier integrante de la población gay tenga la vocación de servir a su patria. Una breve revisión de la historia muestra que los combatientes más feroces y disciplinados eran los mirmidones de Ulises, que combatían cerca de sus amados. Según La Iliada, la caída de Troya se aceleró después de la muerte de Patroclo, amante del héroe griego Aquiles, quien, transido de dolor, venció al troyano Héctor. Y para no ir tan lejos en la historia, el más famoso investigador y mentor de los agentes secretos durante la Guerra Fría fue Edgar J. Hoover, quien vestía habitualmente ropa de mujer y hasta ahora se discute si fue o no pareja del director asociado del FBI (Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos).

Con 43 organizaciones en todo el país, no es raro que al Colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y travestis) lleguen algunos casos. Galarza empezó a asesorar a un policía cuya orientación sexual quedó al descubierto. El uniformado comenzó a ser arrestado y con frecuencia lo mandaban a lugares lejanos a investigaciones inútiles y se usaban pretextos para impedir sus descansos semanales. La presión psicológica se hizo intolerable, hasta que un día le dijeron que sería mejor que renunciara. El servidor público no inició ninguna acción legal, porque para él era demasiado que sus camaradas se hubieran enterado. Su familia no sabía nada y quería que las cosas siguieran así. Al poco tiempo, el camarada con quien había formado una pareja sentimental también desertó.

Ángel, quien prestó su servicio en el cuartel de la Fuerza Aérea en Caranavi, fue nombrado dragoneante por buen comportamiento, disciplina y buen manejo de armas. “Tenía voz y mando, pero fui objeto de discriminación. Me trataban mal. Me decían que no podía tener rango. Algunos camaradas sabían (de su inclinación sexual), pero los oficiales no. Fue un maltrato psicológico, pero no deserté. Me di el valor de seguir”, comenta. Mientras estuvo dentro, el camarada que más lo discriminó trató de seducirlo, pero él se mantuvo firme. Después supo que otro de los soldados antiguos tenía la misma orientación, pero pudo “camuflarse” mejor.

MÁS ALLÁ DEL UNIFORME

Las presiones no acaban dentro del cuartel. El entrevistado anónimo comenta que hay 50.000 efectivos en el Ejército, lo que significa que son otras tantas cabezas de familia que son influidos. En palabras del presidente de la Fundación Divers@s, Cristian Humérez, el Ejército es homófobo y forma a los hombres con una perspectiva machista. En el grupo Amigos Sin Fronteras de El Alto están preocupados por el caso de Carlos, vecino de un barrio lujoso e hijo de un capitán que, por ahora, sirve en la frontera con Perú. “La madre de Carlos es una señora católica ferviente y muy conservadora. Y toda la familia es homófoba”, cuenta. Carlos mantuvo su orientación en secreto, pero su familia se enteró. La reacción ha sido brutal. Lo echaron de la casa y no le permiten sacar las cosas de su cuarto. Algunos amigos lo recibieron, pero según Sergio Maldonado, orientador psicológico de Amigos Sin Fronteras, está en una situación muy vulnerable. Carlos tiene 18 años y estaba decidido a ingresar en la Escuela Militar de Ingeniería. Su grupo familiar le está negando el apoyo en el momento en que más lo necesita. Su hermana, que tiene un niño de un año, no le permite ver al pequeño, porque tiene pavor de que ocurra algún “contagio”. “Lo peligroso es que está expuesto a todo tipo de tonteras, porque a veces la comunidad gay, lésbica, ‘bi’ o ‘trans’ puede ser conflictiva si no se sabe con quién acompañarse”, afirma. “Los militares son causantes de estos problemas. Tomando en cuenta que la sociedad civil toma el tema con escepticismo, con miedo y prácticamente con asco… aún falta mucho”, opina.

EL CAMINO RECORRIDO

No es extraño, como cuenta Cristian Humérez, que los policías no respeten las diversidades sexuales y de género. “Ellos mismos vulneran los derechos de la población LGBT”, asegura. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en las Fuerzas Armadas, en Santa Cruz hay señales claras de que las cosas están, lentamente, cambiando en la Policía. Hace un par de meses, integrantes de la Fundación Igualdad fueron, durante varios días, a hablar sobre derechos humanos a la Escuela Básica de Policías. Ahí abordaron las cuestiones relacionadas con la población gay. Lo que sorprendió a los instructores de la fundación, como Gerardo Camacho, fue que en una lista con nombres y apellidos, algunos futuros policías no llenaron la casilla de orientación sexual ni con la “M” de masculino ni “F” de femenino; pusieron la letra “B” de bisexual. Algunos se acercaron a los instructores para contarles que les gustaban los travestis. “¿Qué soy yo?”, indagaban. Por su gusto por la orientación de género femenina, serían heterosexuales; por su preferencia por alguien que es de su mismo sexo, serían homosexuales. “No sé qué eres”, le contestó Pablo Vargas. Pero lo importante, lo trascendente, es que una persona gay con vocación por la “verde olivo” se anime a manifestar dudas, a plantear problemas. “Sin duda, hay avances”, comenta Álex Bernabé, presidente de la Fundación Igualdad.

A diferencia de lo que ocurre en el Ejército, en la Policía se comienza a hablar. Y lo hace el coronel Víctor Rocha Santamaría, desde la oficina de Derechos Humanos. “Es hora de que estemos más sincronizados con el nuevo pensamiento”, sostiene, y lanza conceptos interesantes, como la necesidad de ampliar el rol de protección jurídica, social y física de las personas que debe realizar la Policía. “Necesitamos un equipo multidisciplinario, psicólogos, psiquiatras para entender todo: si el homosexual nace, si se hace, si hay factores externos, genéticos, medioambientales… porque no está nada definido”, dice el coronel. “Ahora se dice, con sorpresa, ‘¡cómo… un uniformado y maricón!’. No hablamos de aceptar o rechazar, sino de dar un tratamiento igualitario. Evitemos los insultos, el daño psicológico, porque lastimamos moralmente y denigramos. Ya no”.

En el momento de la entrevista, el uniformado coordinaba con Gerardo Camacho y luego con Álex Bernabé la realización de una serie de talleres sobre derechos humanos y asuntos relacionados con el colectivo LGBT con profesionales de la fundación.

La defensora del Pueblo, Sonia Soto, califica estos avances como positivos. “Todo lo que implique menos exclusión y respeto a la diversidad es positivo. Consideramos que en el caso de la Policía tiene que haber otro avance en su normativa interna. Que traduzcan esa apertura en sus normas. También tiene que ver en las prácticas policiales. En este momento, dos personas travestis tuvieron problemas en la oficina de Identificación porque les impedían tomarse la foto. Y eso que tienen maquillaje definitivo. La capacitación no basta, porque es un tema de valores personales. El respeto, la desvalorización o la discriminación tienen que ver con la información. Hay que despejar los falsos mitos y los falsos valores”, dice.

Esos mitos están relacionados con la idea de que la Policía y el Ejército son para “machotes”. “Eso está echado por tierra, porque hay mujeres que pueden ingresar, por el principio de igualdad”, sostiene la Defensora. “No conozco un solo caso de una persona que esté en la Policía y que haya reconocido su orientación sexual diferente. Eso pasa por superar el reglamento”, aclara. En el reglamento se considera que la homosexualidad es una causa de baja inmediata. “El próximo avance es modificar la ley y abrir las puertas para que exista esa inclusión y el respeto, además de que tengan posibilidad de ascender”.

Hay algunas leyes que amparan contra la discriminación. El Decreto 213, de julio de este año, insiste en la igualdad de oportunidades en el ámbito del empleo y la ocupación. Empieza citando la Constitución Política del Estado, que prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura y otras características. Una norma más específica es el Decreto 189, también de julio de este año, que declara el 28 de junio Día de los Derechos de la Población con Orientación Sexual Diversa en Bolivia.

Pero no faltan las contradicciones. Como analizan Vargas y Bernabé, la nueva Carta Magna favorecía a la población con orientación sexual diversa. En ese momento, la inclusión en la Policía y el Ejército será habitual. Y no es que pidan leyes específicas, porque eso significaría un mayor aislamiento. “En este Estado boliviano somos iguales y tenemos los mismos derechos y obligaciones. Una legislación específica para poblaciones LGBT nos excluiría”, argumenta Cristian Humérez. Las palabras del orientador Sergio son realistas: “Creo que estamos a unos 30 años antes de que haya un poco de permisividad”.

FOTOS • Ricardo Montero y Fundación Igualdad LGBT

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