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Etiquetado con: política
Voces LGBT desde Naciones Unidas / 2005

in SIERRA LEONE, 01/06/2005

Algunos Estados mantienen leyes que criminalizan la actividad sexual con personas del mismo sexo y las expresiones sexuales y de género no convencionales. De hecho algunas de estas leyes se han ampliado en nombre de la religión y de la cultura.

Item 6: Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y todas las formas de
Discriminación
Grupo de Trabajo Canadiense en materia de VIH/SIDA


Presidente, señores y señoras delegadas

Mi nombre es Hudson Tucker y hablo en representación del Grupo de Trabajo canadiense para temas de VIH/SIDA el cual tiene vínculos con muchas otras organizaciones como la Asociación de gays y lesbianas de Sierra Leona de la cual soy Coordinador Nacional. El pasado año, mi predecesora, Fanny Ann Eddy, se dirigió a esta Comisión. Yo pasé a sustituirla en septiembre después de que fuera brutalmente asesinada mientras trabajaba, tarde ya, en las oficinas de la Asociación de gays y lesbianas de Sierra Leona.

A pesar de los esfuerzos de algunos Estados por desechar nuestros asuntos como “nuevos derechos contrarios a la religión y los valores culturales”, nuestra orientación sexual es parte de nuestra identidad de la misma manera que lo son nuestra raza, nuestras creencias religiosas o nuestro género. Como la Declaración de Viena y el Programa de Acción reconocen, los derechos humanos son indivisibles y están interrelacionados y no sirve de nada acordar una protección de los derechos humanos para una parte de nuestra identidad como la raza, el sexo o la religión y negarla para otra parte de nuestra identidad como la orientación sexual o la identidad de género.

Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales experimentan el mundo de manera diferente dependiendo de su raza, sexo, edad, clase social, discapacidad, cultura, religión, lengua y otros factores. La lucha contra una forma de opresión no puede en la práctica separarse de muchas otras luchas por la igualdad en las que muchos miembros de nuestras comunidades –y de la comunidad internacional en general- estamos implicados.

Apreciamos con espanto que algunos Estados mantienen leyes coloniales que criminalizan la actividad sexual con personas del mismo sexo y las expresiones sexuales y de género no convencionales. De hecho, algunas de esas leyes han sido ampliadas en nombre de la religión y de la cultura. Rechazamos ese uso político de la religión y de la cultura que refuerza valores coloniales y patriarcales y promueve fundamentalismos y extremismos de todo tipo.

Nos enfrentamos a una problemática contradicción: por un lado, la defensa de la riqueza y de la diversidad sexual y de género; y por otro, un clima de odio y violencia hacia grupos marginalizados. Algunos países se han comprometido a avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos, como han declarado privada y públicamente. Sin embargo, relaciones de poder desiguales y tácticas coercitivas a menudo fuerzan a estos apoyos a permanecer bajo tierra.

Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales hacemos frente al acoso de la policía, al abuso de nuestros vecinos y de nuestras familias y, a veces, a la violencia y la brutalidad de violaciones punibles.

Al mismo tiempo, siempre hemos tenido y seguimos teniendo un sitio en nuestras comunidades. A pesar de la presión de los prejuicios, muchas de nuestras familias no se rinden, muchos de nuestros vecinos, compañeros de trabajo y amigos y amigas continúan queriéndonos y apoyándonos. Muchas de nuestras comunidades siguen afirmando que somos parte importante de su red de relaciones.

Nosotros os decimos: somos parte de vuestros países y circunscripciones. Esta Comisión debe romper su silencio y reconocernos como miembros completos e iguales de la familia humana. Debemos agradecer, abrazar y celebrar la diversidad de la especie humana. Hacer menos es un insulto a la fundación del sistema de Naciones Unidas.

Traducción: gracias a David Montero
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