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Etiquetado con: política
Papa Benedicto XVI
COMUNICADO DE PRENSA DE ILGA

in HOLY SEE (VATICAN CITY STATE), 21/04/2005

La Elección del Cardenal Ratzinger como Papa Benedicto XVI provoca preocupación en el movimiento LGBT

La Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA) desea expresar su consternación y honda preocupación acerca de la elección del ultraconservador y homófobo cardenal Joseph Ratzinger para el papado de la Iglesia Católica Romana.

Tras escuchar las noticias, en su respuesta inicial, el co-Secretario General Kursad Kahramanolgu dijo “Parece ser que la incitación al odio es la vía más rápida para promocionarse en el Vaticano”.

A lo largo de su mandato en la Iglesia, y especialmente durante su tiempo como jefe de la “Congregación para la Doctrina de la Fe” del Vaticano, el cardenal Ratzinger ha sido la voz de la homofobia durante el reino de Juan Pablo II.

Sus escritos y afirmaciones le han llevado hasta ahora a definir la homosexua¬lidad como algo “intrínsecamente malvado moralmente”, que debería ser más bien tratado que no aceptado. En una carta de 1986 a los obispos católicos sobre el “Cuidado Pastoral de las Personas Homosexuales”, el cardenal Ratzinger ordenó que este cuidado pastoral a los homosexuales incluyera doctrinas psicológicas, sociológicas y médicas para “curar” a gays, lesbianas y bisexuales. El daño de estas “terapias reparativas” ha sido rotundamente denunciada por asociaciones médicas y psiquiátricas puesto que conducen a severas depresiones y suicidio a los que son forzados/coaccionados y/o presionados a emprenderlas.

Tan grave como esto, una declaración de 1992 emitida por el Vaticano y autorizada por el futuro Benedicto XVI, titulada “Algunas Consideraciones en cuanto a la Respuesta Católica ante Propuestas Legislativas para la no-Discriminación de las Personas Homosexuales”, fue designada para mobilizar la opinión católica en contra de legislaciones para la igualdad de derechos de lesbianas y gays.

Rechazando el concepto de “derechos humanos” homosexuales, afirma que no existe “derecho alguno” a la homosexualidad, añadiendo que las libertades civiles de lesbianas y gays pueden ser “legítimamente limitadas por una conducta externa objetivamente desordenada”. En las recientes elecciones en los Estados Unidos, Ratzinger sugirió que se negara la santa comunión a los políticos pro-gay o reformistas.

Además de su realzada homofobia, el cardenal Ratzinger ha sido también uno de los más fervorosos oponentes dentro de la Iglesia Católica Romana de la contracepción, del derecho de las mujeres a controlar su sexualidad y específicamente del uso de preservativos. No tan sólo ha declarado su uso como inmoral sinó que además ha llegado hasta a decir que no son efectivos ante la transmisión del VIH/sida. Estas enseñanzas no sólo caen ante todas las evidencias científicas modernas, las cuales demuestran la efectividad de los condones, sino que sólo pueden tener el efecto de contribuir a la epidemia global del VIH/sida. También es bien conocido por su oposición tácita a la igualdad de sexos. Como defensor de la doctrina católica ortodoxa, el cardenal Ratzinger se ha opuesto implacablemente a abrir el sacerdocio a las mujeres, incluso denegándoles rangos menores dentro de la Iglesia.

A lo largo de los últimos 20 años, estudios médicos y científicos han demostrado una vez tras otra que los “tratamientos” que intentan “curar” la homosexualidad acaban causando severos daños a sus víctimas y que demasiado a menudo esto les empuja a cometer suicidio; que la retórica anti-gay hace incrementar el acoso y la violencia contra los homosexuales incluso llegando al asesinato; y que los preservativos son una medida efectiva para prevenir la contaminación del VIH/sida, una epidemia que está matando a millones en el mundo. Aunque el Papa Benedicto XVI no es directamente responsable de estos horrores, su doctrina y sus enseñanzas contribuyen directamente a ellos. La ILGA lo único que puede hacer es lamentar que los cardenales no pudieron elegir un líder más ilustrado a comienzos del III milenio y espera y desea que la elección del cardenal Ratzinger animará a que voces más moderadas se alcen en el seno de la Iglesia.
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