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Justicia Para Palestina: Llamado A La Acción Solidaria Emitido Por Indígenas Y Mujeres De Color Feministas

in PALESTINIAN TERRITORY, OCCUPIED, 11/08/2011

Entre el 14 y 23 de junio de 2011, una delegación de 11 académicas, activistas y artistas visitamos los territorios Palestinos ocupados. Como indígenas y mujeres de color feministas involucradas en múltiples causas por la justicia social, buscábamos afirmar nuestra colaboración con el creciente movimiento internacional por una Palestina libre.

Fuente: AWID

Queríamos ver con nuestros propios ojos las condiciones en las que la población palestina vive y resiste como resultado de lo que hoy podemos denominar, con absoluta certeza, como el proyecto israelí de apartheid y limpieza étnica. Todas y cada una de nosotras -incluyendo aquellas participantes que crecieron en el sur de Jim Crow, en la Sudáfrica del apartheid, y en las reservas indígenas en Estados Unidos- nos conmocionamos con lo que observamos. En esta declaración describimos algunas de nuestras experiencias y emitimos un llamado urgente a todos quienes comparten nuestro compromiso con la justicia racial, igualdad y libertad.

Durante nuestra corta visita a Palestina, nos reunimos con académicos, estudiantes, jóvenes, líderes de organizaciones cívicas, funcionaros electos, sindicalistas, dirigentes políticos, artistas, y activistas de la sociedad civil, así también como con residentes de los campamentos de refugiados y aldeas que han sido recientemente atacados por soldados y colonos israelíes. Cada una de las personas que conocimos—en Nablus, Awarta, Balata, Jerusalén, Hebrón, Dheisheh, Belén, Birzeit, Ramala, Um el-Fahem, y Haifa—nos pedían que contemos la verdad sobre como se vive bajo la ocupación y de su compromiso inquebrantable con una Palestina libre. Nos ha impresionado profundamente la insistencia de la gente en explorar vínculos entre el movimiento por una Palestina libre y las luchas por la justicia en todo el mundo, algo que nos recuerda a Martin Luther King, Jr., quien insistió durante toda su vida: “La justicia es indivisible. La injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todas partes.”

Al viajar en autobús por todo el país, notamos un gran número de asentamientos israelitas abominablemente erigidos en los cerros, dando testimonio de la confiscación sistemática de tierras palestinas en violación flagrante del derecho internacional y de las resoluciones de las Naciones Unidas. Nos reunimos con refugiados de todo el país, cuyas familias habían sido desalojadas de sus hogares por las fuerzas sionistas, sus tierras confiscadas, sus aldeas y campos de olivos arrasados. Como consecuencia de este constante desplazamiento, los palestinos hoy constituyen la mayor población de refugiados en el mundo (más de cinco millones), de los cuales la mayoría vive a no más de 100 kilómetros de distancia de sus hogares natales, pueblos y tierras de cultivo. Desafiando la resolución 194 de las Naciones Unidas, Israel mantiene una política activa de obstaculizar el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares y tierras ancestrales, una política basada en la creencia de que los palestinos no tienen derecho a ejercer la ley de retorno israelí, la cual está reservada para judíos.

En Sheikh Jarrah, un barrio del este de Jerusalén ocupada, conocimos una mujer de 88 años de edad quien fue desalojado por la fuerza en medio de la noche y que luego vio, apenas dos horas más tarde, cómo los militares israelíes colocaban a los colonos en su casa. Ahora vive en los cuartos pequeños de la parte de atrás de lo que fue su residencia familiar. De manera desafiante, ella afirmó que ni los tribunales ni el ejército de Israel podrán jamás sacarla a fuerza de su casa. En la ciudad de Hebrón, nos quedamos sorprendidas por la presencia notable de soldados israelíes, quienes mantienen verdaderas condiciones de apartheid con la población de esta ciudad de casi 200.000 habitantes palestinos, en comparación con sus 700 colonos judíos. Cruzamos varios puestos de control israelíes diseñados para controlar el movimiento palestino en las carreteras de Cisjordania y alrededor de la Línea Verde. Durante toda nuestra estadía, nos encontramos con palestinos a quienes, debido a la anexión israelí de Jerusalén y a los planes para eliminar a su población nativa, les ha sido negada la entrada a la Ciudad Santa. Hablamos con un hombre que vive a diez minutos de Jerusalén, pero que no ha podido entrar a la ciudad desde hace veintisiete años. El gobierno israelí sigue librando una guerra demográfica por la dominación judía sobre la población palestina.

Nunca pudimos ignorar la presencia hostil de la barrera o pared del apartheid que aparecía por todas partes, la cual se erige ignorando el derecho internacional y los principios de derechos humanos. Esta construcción de veinticinco metros de altura, compuesta de bloques de concreto, cercas electrificadas y alambre enrollado de púas, casi cubre completamente Cisjordania y se extiende al este de la Línea Verde marcando las fronteras de Israel antes de 1967. El muro se serpentea a través de antiguas hileras de olivos, destruyendo la belleza del paisaje, dividiendo comunidades y familias, separando agricultores de sus campos y privándolos de su sustento. En Abu Dis, la pared pasa por la mitad del campus de la Universidad Al Quds atravesando el campo de fútbol. En Qalqiliya, vimos portones fortificados construidos para controlar el ingreso y el acceso de los palestinos a sus tierras y hogares, y un corredor cercado a través del cual los palestinos, con permisos cada vez más raros expedidos por Israel, son procesados cuando entran a Israel para trabajar, contribuyendo con la economía del mismo estado que los ha desplazado. Los niños palestinos no están exentos de ser obligados a pasar por corredores similares, haciendo largas filas -durante horas, dos veces al día- para asistir a la escuela. En las palabras de un colega palestino que conocimos, "Palestina ocupada es la cárcel más grande del mundo."

Un extenso sistema penitenciario refuerza la ocupación y suprime la resistencia. Por todas partes que fuimos conocimos personas que habían sido encarceladas o que tenían familiares que lo habían sido. Veinte mil palestinos están encerrados en las cárceles israelíes, al menos 8.000 de ellos son presos políticos y más de 300 son niños. En Jerusalén, nos reunimos con miembros del Consejo Legislativo Palestino, quienes están siendo protegidos de ser arrestados por el Comité Internacional de la Cruz Roja. En Um el-Fahem, conocimos a un líder islamista justo después de salir de prisión y escuchamos un fascinante relato de su experiencia en el Mavi Marmara y la Flotilla de Gaza del 2010. La criminalización de sus actividades políticas, y de la de muchos palestinos que conocimos, era un tema constante y desgarrador.

También llegamos a entender cómo la represión abierta es reforzada por las representaciones engañosas del Estado de Israel que se promueve como la democracia social más desarrollada de la región. Como feministas, deploramos la práctica del Estado israelí de pintar la ocupación de “color de rosa" presentando gran apoyo a la igualdad sexual y de género. En Palestina, encontramos consistentemente evidencias y análisis con un enfoque más sustantivo para trabajar por una justicia indivisible. Nos reunimos con el Presidente y el liderazgo de la Unión Árabe Feminista y con grupos de otras mujeres en Nablus, quienes nos informaron sobre el papel y las luchas de las mujeres palestinas en varios frentes. Visitamos uno de los más antiguos centros de apoyo para mujeres en Palestina, In'ash al-Usra, y aprendimos sobre diversos proyectos culturales generadores de ingreso. También conversamos con “Palestinos Queers por BDS” [Boicot, Desinversión y Sanciones], un grupo de organizadores jóvenes que consideran la lucha por la justicia sexual y de género como parte integral de un marco amplio para la auto-determinación y liberación. Colegas feministas de la Universidad de Birzeit, An-Najah, y Mada al-Carmel nos hablaron del nexo orgánico que existe entre la resistencia anticolonial con igualdad de género y sexual, así como de la función transformadora que las instituciones palestinas de enseñanza superior tienen en estas luchas.

Durante nuestra estadía, siempre nos sentíamos inspiradas por el espíritu profundo y constante de resistencia, en las historias que la gente nos contaba, en los murales dentro de edificios como Ibdaa Center, en el campamento de refugiados de Dheisheh, en consignas pintadas en el muro del apartheid en Qalqiliya, Belén, y Abu Dis, en la educación de niños pequeños, y en el compromiso con la producción de un conocimiento emancipador. En nuestra reunión con el Comité Nacional por el Boicot, la alianza que reúne a más de 200 organizaciones de la sociedad civil palestina -incluida la Unión General de Mujeres Palestinas, la Unión General de Trabajadores Palestinos, el Boicot Académico y Cultural Palestino de Israel [PACBI], y la Red Palestina de Organizaciones No gubernamentales- nos conmovimos con su pedido: "No pedimos una acción heroica o brigadas de libertad. Simplemente les pedimos no ser cómplices en perpetuar los crímenes del Estado de Israel."

Por lo tanto y de manera inequívoca, nosotras respaldamos la campaña del Boicot, Desinversión y Sanciones. El propósito de esta campaña es presionar a las instituciones patrocinadas por el Estado israelí a respetar el derecho internacional, los derechos humanos básicos, y los principios democráticos como condición básica para relaciones sociales justas y equitativas. Rechazamos el argumento de que criticar al Estado de Israel es antisemita. Nos unimos a los palestinos, a un número creciente de Judíos, y a otros activistas de derechos humanos en todo el mundo en la condena de las injusticias flagrantes de la ocupación israelí.

Hacemos un llamado a todos nuestros colegas académicos y activistas en los EE.UU. y en otros países a unirse a nosotras respaldando la campaña de BDS y trabajando para terminar con el apoyo financiero de EE.UU. de $ 8,2 millones diarios, para el Estado de Israel y su política de ocupación. Hacemos un llamado a todas las personas de conciencia para participar en un diálogo serio sobre Palestina y para reconocer los vínculos entre la causa palestina y otras luchas por la justicia. La injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todas partes.

Rabab Abdulhadi, San Francisco State University*

Ayoka Chenzira, artista y cineasta, Atlanta, GA

Angela Y. Davis, University of California, Santa Cruz*

Gina Dent, University of California, Santa Cruz*

G. Melissa García, Candidata Doctoral, Yale University*

Anna Romina Guevarra, autora y socióloga, Chicago, IL

Beverly Guy-Sheftall, autora, Atlanta, GA

Premilla Nadasen, autora, New York, NY

Barbara Ransby, autora e historiadora, Chicago, IL

Chandra Talpade Mohanty, Syracuse University*

Waziyatawin, University of Victoria*

* Exclusivamente para fines de identificación.

Julio 12, 2011

Para preguntas, favor escribir a feministdelegation@gmail.com
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